lunes, 19 de diciembre de 2011

Enseñanza y ultimas tecnologías


Me leo un artículo de Beatriz Plaza Marina, (“Tecnologías, fracaso escolar y el AVE que nunca salió del andén”[1]) vicepresidenta y socia fundadora de Educaline, en la que hace referencia a las nuevas tecnologías y las ventajas de estas en el desarrollo académico de los alumnos.

Copio textualmente: “El aprendizaje ha de ser significativo, es decir, conectado con sus aprendizajes previos y con su experiencia y conocimiento del mundo ¿por qué no también la evaluación? Disponemos de ingentes cantidades de información, en unos soportes con unas características muy concretas: no hace falta enseñar a los niños y adolescentes a memorizar los datos, sino a saber dónde y cómo buscarlos, cómo interpretarlos y cómo discriminar la información. Por el camino, enseñémosles también a trabajar en equipo, a resolver problemas y a gestionar y mejorar su aprendizaje. Y la tecnología puede llegar allí donde los docentes no llegan”.


Subrayo la última frase. ¿Es verdad?. Lo cierto que como usuaria de las últimas tecnologías en comunicación, alabo su uso y disfrute otra cosa es sustituir el papel de educador basándonos en que la tecnología pueda ocupar nuestro lugar. Que nos ayude, seguro, pero creo que nunca se podrá sustituir el rol del maestro con el del profesor virtual. Me fio de las caras, de las miradas, de los gestos, de las palabras. Y eso, hasta ahora, no lo hace un ordenador por muy de “última generación” que sea. El calor humano es el calor humano y los niños son los que tienen el gesto más sincero de todos nosotros y eso es para verlo y vivirlo.

Ahí queda eso.


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